CUENTO CORTO
© José Manuel Fernández Argüelles
INTIMIDADES DE DIARIO
MIÉRCOLES, 22
Hoy me ha llamado por teléfono mi amigo Juan, y quedamos citados para vernos una hora después. Mi amigo Juan acaba de salir de la cárcel y adiviné que me llamaba para pedir dinero. En efecto, en cuanto nos dimos un apretón de manos y me dijo, “tío, estás como siempre” -yo le contesté, “solo hace seis meses desde la última vez, coño”-, inmediatamente después, él ya me estaba pidiendo algo de dinero. Yo, lo sabe él bien, no tengo más que lo regalado por mis padres y un extra de algún trabajo literario que me pueda llegar en suerte, pero esto último es muy raro. Le di lo que tenía ahorrado para invitar a alguna amiga que se animase a pasar un fin de semana en un hotel rural, más o menos perdido entre pinos y montes verdes y lejanos. Adiós al sexo campestre en medio de la naturaleza. Aunque en el fondo ese dinero se lo debo a mi amigo Juan. Desde niños fuimos inseparables. Nos distanciamos con la droga. El que sí; yo que tan dura, no. El se quedó dentro y yo no hice nada porque saliese. Se lo debo. Ese dinero y más, probablemente. Así me lo indica esta conciencia mía, que se la vendo al primero que busque un saldo. Bueno, el caso es que le doy mi dinero y él lo agradece mucho y dice que va a mejorar su vida, a cambiarla, y que me invita a un vasito de vino Rioja, que sabe que me gusta. Invita con mi dinero, que ya es suyo, pero se lo agradezco igual. Y entonces, entre vaso y vaso de vino tinto (paga él), va contándome sus peripecias en la cárcel. Es la primera vez que entró. Me dice que será la última. Yo hago un esfuerzo y sonrío como si lo creyese. Y me asegura que dentro es duro, pero sólo hasta que consiguió pincharse, que es caro, igual que fuera, pero como es guapo que allí dentro enseguida le explicaron cómo conseguirlo. Yo siento pena por Juan, sobre todo cuando me dice eso de que “a todo se acostumbra uno, José”. Y al final añade que lo va a dejar, que no me preocupe. Cuando nos separamos iba recontando el dinero que le quedaba tras pagar el vino que habíamos tomado juntos. Quiero pensar que no serán los últimos tragos en su compañía.
(Continuarán otros días, quizá).